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Día 2 de «Estamos en una»: desde el cerro Huyliche

hace 1 día
2 min de lectura

El segundo día de transmisión de «Estamos en una», el programa de la TV Pública que conduce Gabriel Corrado, tuvo a El Calafate como protagonista desde uno de sus mejores puntos panorámicos: el cerro Huyliche. Desde allí, Yamila Montoya y Mariano Agriello, vicepresidente de nuestra Cámara, le contaron al país cuánta gente vive acá, por qué la ciudad se llama como se llama y todo lo que se puede hacer durante el año.


La agenda del Día 2 combinó El Calafate, el cerro Huyliche y la nota a nuestro vicepresidente, Mariano Agriello.



Una vista que lo muestra todo

A unos 450 metros sobre el nivel del mar, el cerro ofrece una vista amplia del Lago Argentino, de la ciudad y de la isla Solitaria, que desde arriba parece una tortuga en medio del lago. Las lluvias de los días anteriores dejaron los caminos complicados y el equipo no llegó a la cima, pero el paisaje se vio igual de impresionante.


De menos de 2.000 habitantes a unos 35.000

Mariano contó que hoy la ciudad ronda los 35.000 habitantes, y que hace unos 35 o 40 años tenía menos de 2.000. El crecimiento fue muy fuerte en las últimas dos décadas, atraído por el turismo, el orden y la buena administración local. Él mismo no es nacido acá: vino a pasear y se quedó, y bromeó con que hay que tener cuidado con la gente que se manda para El Calafate, porque puede correr su misma suerte.


¿Por qué se llama Calafate?

Mariano compartió la versión que más le gusta. Los primeros navegantes que exploraron la Patagonia tenían a bordo a una persona encargada de calafatear los barcos: sacarlos a la costa, esperar la marea baja y limpiar los cascos de madera de crustáceos y plantas, además de repararlos. Para eso hacían falta maderas duras, que en la estepa casi no hay. Un calafate encontró un arbusto cuyas raíces eran firmes, robustas y de colores muy particulares, perfectas para su trabajo, y lo llamó "el arbusto del calafate". Cuando los exploradores entraron por el río Santa Cruz hasta el Lago Argentino, el más grande del país, con casi 1.500 kilómetros cuadrados, encontraron esa planta en abundancia en las praderas donde hoy está la ciudad, y decidieron darle ese nombre.


Con el fruto hay una leyenda nativa muy conocida: quien lo prueba y le gusta, vuelve a El Calafate. Se usa en tés, helados, licuados, licores, dulces, alfajores, tortas e incluso cremas para la piel.

 
 
 

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